Un mar de nubes, pinos milenarios y una montaña que aparece en todas las pinturas.
Huangshan —la Montaña Amarilla— es la montaña más pintada de China. Los pintores de la dinastía Ming la convirtieron en el arquetipo del paisaje chino, y cuando subes entiendes por qué: granito, niebla y pinos que crecen torcidos en las grietas.
La clave es quedarse arriba. La mayoría de los visitantes sube y baja en un día y se pierde el amanecer, que es el motivo real por el que se viene. Nosotros reservamos habitación en la cumbre.
Desde el mirador de Refreshing Terrace o Bright Top. Se sale del hotel a las 05:00 con una linterna y el espectáculo justifica todo el viaje.
Dos líneas que suben casi hasta la cumbre. Se camina entre ellos, por pasarelas talladas en la roca.
Los pinos de Huangshan salen de la roca pura y crecen retorcidos por el viento. Hay uno con nombre propio y 1.500 años.
Un pueblo Ming al pie de la montaña, con un sistema de agua que atraviesa cada casa y el estanque que aparece en «Tigre y Dragón».
No siempre aparece. Las probabilidades son mayores en otoño y después de la lluvia; por eso reservamos dos noches cuando es posible.
Pescado fermentado, brotes de bambú y tofu de la montaña. No es la famosa, y es excelente.
Abril a mayo y octubre a noviembre. En invierno hay hielo en los escalones y nieve en la cumbre, que es bonita pero puede cerrar pasarelas. En verano hay mucha gente.
Huangshan está a 2,5 horas en tren de alta velocidad desde Shanghái y 1,5 desde Hangzhou. Se combina naturalmente con Shanghái, Suzhou y Hangzhou.
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